Las momias duermen en los àrboles
LAS MOMIAS DUERMEN EN LOS ÁRBOLES
Hace mucho tiempo el Doctor Dragman, vivía metido en su laboratorio. No solía comer, ni dormir. Todo el día le gustaba hacer experimentos raríficos, rodeado de pinzas, tijeras, agujas, tubos, líquidos malolientes y mil momias congeladas.
El laboratorio del Doctor Dragman era tan largo que ocupaba todo el subsuelo del cementerio principal de la ciudad, era un lugar muy oscuro, helado como una nevera y tenia un techo lleno de agujeros.
Cuando todas las personas de la ciudad iban a dormir el Doctor Dragman hacía un nuevo agujero en el techo y por ahí robaba un cadáver del cementerio.
Todas las momias estaban bien ordenadas según los años de su muerte, negros y arrugados como unas pasas bien secas. Les habían crecidos unos pelos gruesos por la espalda y sus unas crecían más rápido que cuando vivían
Ellas parecían tener frió de lo encogidas que estaban y todo porque el Doctor Dragman, después de aplicarles inyecciones electrolíticas se olvidaba de envolverla con vendas de verdaderas momias.
Entonces así en calzoncillos y calzones, paseaban tiritando las noches de invierno. ¡Pobres momias! ¡Solo se cubrían el cuerpo con unos cuantos pelos duros y se abrigaban el rostro con sus larguísimas uñas!
Cuando amanecía, el Doctor Dragman no veía la luz del día - porque todo estaba oscuro abajo - y sólo se escuchaba el canto de los gallos. Entonces se preparaba un café negro y masticaba unas galletas de agua. Era todo cuanto comía.
Pero sus momias ni eso.
Ya te imaginas de lo hambrientas y friolentas que estaban. Encima tenían que permanecer en la misma posición, sin moverse ni un pelo. Estaban hartas de seguir muriendo con el doctor loco demente.
Entonces las momias habían empezado a sospechar, que los experimentos raríficos del Doctor Dragman eran puras patrañas, nada de que las iba a resucitar. Y como encima se morían de hambre, sed y frío. Comenzaron un buen día a trasmitirse telepáticamente:
"- Este Doctor Dragman está hasta el cien de lunático.
- - Rayadamente chiflado.
- - Estamos cansadas de estar muy ordenaditas como fila de colegio
- - Nos duele el cráneo de pensar en esas mezclas de electrolíticas y sentir esos pinchazos que parecen las agujas para los caballos."
Entonces esa noche decidieron escapar.
Como el sótano todo era extremadamente negro, ellas sólo se enteraban que anochecía cuando escuchaban el aullido de los lobos del cementerio. A veces el graznido de un cuervo o a las lechuzas.
Al caer la tarde esperaron escuchar el aùùùùùùù de los lobos, peor lo que sonó fue crujjjjjjj crujjjjjjj crujjjjjjj.
- - Son los gritos de cuervo - comunicó una momia por telepatía.
- ¡Ha llegado el momento! - pensaron todas.
Lo observaron ponerse el traje de buzo y las aletas, colocarse la máscara de buceo y llevar el arpón para cazar tiburones. Así se vestía el Doctor Dragman cada vez que quería salir a robar cadáveres.
Luego vieron como se paró en la mesa, apuntó al techo con el arpón y disparó. La lanza atravesó la tierra y dejó un agujero, por el que empezó a meterse como un gusano. Poco a poco desapareció por el hueco. Pronto sólo vieron sus aletas y al final nada.
Ahora ellas estaban solas.
Comenzaron de inmediato a arrastrarse como bultos. Todas buscando una salida. Ahí donde quedaba un poco de tierra removida, metían sus enormes unas y raspaban.
Mientras el Doctor Dragman excavaba una tumba reciente, escucho unos ruidos sospechosos, se ocultó detrás de un árbol.
Sacó la cabeza, pero no vio nada; camino unos pasos y se oculto detrás de otro árbol, pero tampoco nada. Es que algunas momias se habían escondido también en los árboles del cementerio.
Eran miles de árboles viejos y pelados, con los troncos retorcidos por el dolor. No tenían hojas verdes, sino marrones porque nadie los cuidaba.
Como el Doctor Dragman no miro, ni escucho nada nuevamente prosiguió con su trabajo.
Mientras tanto en el laboratorio las momias que quedaban seguían raspando el techo, el doctor Dragman escucho nuevamente ruidos y empezó a sentir miedo, porque nunca había creído en historias de fantasmas ni muertos que penan.
Al cabo de un largo rato todas las momias se juntaron en el cementerio. Fueron montándose unas encima de otras - las más grandes y fuertes abajo - hasta alcanzar el tamaño de un monstruo prehistórico.
Cuando el Doctor Dragman escucho un estruendo, lo que tenía a su espalda era una montaña de momias furiosas que parecían un volcán en plana erupción. Al verlas corrió despavorido.
Justo en ese momento la tierra empezó a desmoronarse por los innumerables huecos que tenía, quedando así sepultado el laboratorio para siempre y con el al Doctor Dragman.
Cuando la tierra se calmo, las momias se lograron salvar porque se agarraron con las uñas de los árboles pelados.
Como las momias y los árboles sintieron en ese trance un calorcillo y verdadera compañía, se quedaron así a dormir eternamente.
Desde entonces, los árboles tienen corteza arrugada y peluda.
De: Jorge Eslava Calvo
(Tiene algunos cambios la leyenda, realizados por Eva Ormachea Rojas)

